Objetivos de Desarrollo Sostenible
La crisis de la vivienda no es solo cuánto construimos, sino ¿para quién, donde y como? la voz de los barrios llega al Foro Urbano Mundial

Unsplash/Random Institute Bogotá, capital de Colombia. Una vista aérea de Bogotá, Colombia, que muestra un denso paisaje urbano con rascacielos modernos y edificios enclavados contra un telón de fondo de montañas verdes bajo un cielo azul parcialmente nublado.
Expertas de la sociedad civil critican el modelo de «ciudades inteligentes» excluyente y reivindican el financiamiento comunitario y la protección de los barrios informales como soluciones reales a un problema que afecta a 2800 millones de personas.
Mientras 27.000 participantes deliberan en Bakú sobre cómo alojar a un mundo de 2800 millones de personas sin hogar digno, dos voces vienen a recordar desde la experiencia y la investigación que el problema no es solo de ladrillos, sino de poder.
«La crisis no se trata solo de cuántas viviendas se construyen, sino también de dónde se construyen y de quién se las puede permitir», resume Paula Sevilla, del International Institute for Environment and Development (IIED). Un diagnóstico que conecta directamente con las críticas de la arquitecta e investigadora colombiana Gynna Millán: «El modelo de ciudad inteligente es una construcción del Norte Global para vender más tecnología, y no necesariamente llega a la mayoría de la población».
Ambas expertas coinciden en que el enfoque predominante para resolver la emergencia habitacional ha fracasado. Para Sevilla, la obsesión por aumentar el parque inmobiliario no resuelve la exclusión. «Muchas de las poblaciones más vulnerables no tienen acceso a los mecanismos de financiamiento formal», explica, reivindicando el papel de la sociedad civil para mapear asentamientos informales y movilizar recursos alternativos.
Tecnología para qué

CREATIVIDAD , ES LA RESPUESTA
En la misma línea, Millán cuestiona la tecnología como solución mágica: «La tecnología es la respuesta, pero ¿cuál es la pregunta que hacemos? ¿Es para tener más control sobre los ciudadanos o para que las comunidades puedan acceder a los datos y mejorar su hábitat?».
Millán, que trabaja con redes populares en Colombia, denuncia que el concepto de “ciudad inteligente” que se vende como el futuro deja fuera a los barrios informales, donde vive más del 60% de la población en muchas ciudades latinoamericanas.
«No es por una limitación técnica, es por una elección. No hay voluntad de que esa tecnología llegue a ellos», sentencia. Un diagnóstico que se agrava en el contexto actual: la guerra en Oriente Medio, el cambio climático y la inflación global están encareciendo los materiales y expulsando a millones de sus hogares.
Ambas coinciden en que el epicentro de la solución debe ser la comunidad y la protección de sus derechos.
«Nada de esto sirve si las personas están en riesgo de desahucio o de desplazamiento», advierte Sevilla.
Su propuesta pasa por reconocer el financiamiento colectivo que ya organizan redes como Slum Dwellers International y por proteger el espacio cívico para denunciar los abusos.
Millán, por su parte, apuesta por redirigir la pregunta: «¿Cómo usamos la tecnología para que los ciudadanos diseñen sus planes de barrio?».
En un foro donde se discute el futuro de la vivienda, ambas expertas lanzan un mensaje claro: sin democracia urbana y sin empoderamiento comunitario, ninguna ciudad será realmente habitable para la mayoría.

El camino hacia la independencia energética: cuatro países dueños de su propia electricidad
Cambio climático y medioambiente
La guerra en Oriente Medio ha mostrado la vulnerabilidad de los países frente a los vaivenes geopolíticos del petróleo y otros combustibles fósiles. Por el contrario, las energías renovables son confiables: no hay sanciones al viento ni el precio del sol varía.
La inestabilidad en Oriente Medio, región de donde se extrae una gran proporción del petróleo y el gas mundial, está obligando a muchos países a centrarse en cómo garantizar el acceso a suministros energéticos baratos y fiables, principalmente a través de fuentes renovables.
Alrededor del 20% del suministro mundial de gas y petróleo pasa por el Estrecho de Ormuz, la estrecha vía marítima entre Irán y Omán, que ha estado prácticamente cerrada al tráfico marítimo desde el estallido del conflicto entre Irán y Estados Unidos. La interrupción de esos suministros ha expuesto a los países a precios volátiles, crisis geopolíticas y desabastecimientos.
«La turbulencia que presenciamos en Oriente Medio deja claro que nos enfrentamos a un sistema energético global ligado en gran medida a los combustibles fósiles, donde la oferta está concentrada en pocas regiones y cada conflicto corre el riesgo de enviar ondas de choque a la economía mundial, especialmente a las personas más vulnerables», declaró el Secretario General de la ONU, António Guterres.
Las energías renovables, como la solar, la eólica y la hidroeléctrica, ofrecen un suministro estable, nacional y cada vez más económico. Además, están reemplazando rápidamente a los combustibles fósiles como columna vertebral de los sistemas energéticos modernos, no solo por razones climáticas, sino también por seguridad y resiliencia económica.

El argumento a favor de las renovables
«Las energías renovables ya casi igualan a los combustibles fósiles en capacidad instalada a nivel mundial», afirmó Guterres en julio del año pasado, añadiendo que «no hay subidas de precios por la luz solar (…) ni embargos al viento».
Las renovables son ahora «la base de la seguridad y la soberanía energética», dijo.
También reducen emisiones, disminuyen la contaminación, generan empleo y abaratan costos a largo plazo, una combinación que está impulsando un cambio global ya visible en algunos países pioneros. Entre ellos, y de acuerdo con el UN Energy Statistics Pocketbook 2026 (Guía de bolsillo de estadísticas energéticas de las Naciones Unidas 2026) destacan:
Noruega
Noruega sigue siendo un gran exportador de petróleo y gas, pero a nivel nacional, su sistema eléctrico es abrumadoramente renovable, lo que garantiza un suministro estable y controlado localmente.
Ciudades como la capital, Oslo, funcionan en gran medida con energía renovable. Su mezcla energética se compone de un 90-95% de hidroeléctrica, un creciente sector eólico y un uso mínimo de combustibles fósiles en la generación de electricidad.
El país avanza hacia una transición completa, incluyendo la electrificación del transporte, la expansión de parques eólicos marinos y la reducción gradual del uso de combustibles fósiles en sectores domésticos.
Paraguay
Paraguay es uno de los líderes mundiales en energía limpia, generando toda su electricidad de red a partir de renovables, especialmente hidroeléctrica.
La presa de Itaipú, en el río Paraná, operada juntamente con Brasil, es clave en este logro. Con casi un 100% energía hidroeléctrica, el país disfruta de electricidad de bajo costo, independencia energética e ingresos por exportación de excedentes.

Nepal
Nepal ha expandido rápidamente su capacidad hidroeléctrica y ahora genera casi toda su electricidad de red a partir de renovables, aunque el transporte aún depende de combustibles fósiles.
Según datos de la ONU, alrededor del 98% de su capacidad energética es renovable. La hidroeléctrica está reduciendo la dependencia de combustibles importados y ayudando a estabilizar el suministro en un país montañoso con desafíos de infraestructura.
Actualmente, Nepal trabaja en la expansión de la electrificación rural, el desarrollo de sistemas renovables descentralizados y la transición de la cocina con leña a energías más limpias, reduciendo la contaminación en los hogares, que afecta especialmente a mujeres y niños.
Etiopía
Etiopía emerge como líder en energías renovables en África, con un sistema dominado por hidroeléctrica y una creciente capacidad solar. Más del 98% de su capacidad energética es renovable, procedente de la energía hidroeléctrica, la solar y la eólica.
Las renovables son centrales en su estrategia para lograr acceso universal a la electricidad, especialmente en comunidades alejadas de la red nacional, reducir la dependencia de combustibles importados y apoyar el desarrollo económico.
Conclusión
En geografías muy distintas, desde Noruega y Paraguay, ricos en hidroeléctrica, hasta economías en desarrollo como Nepal y Etiopía, surge un patrón común: las renovables mejoran la independencia energética, estabilizan costos, reducen la exposición a crisis globales. Además, ofrecen otros beneficios tangibles, desde empleo hasta salud.
La transición no es uniforme y persisten desafíos, especialmente en financiación e infraestructura. Pero, como señaló Guterres, «la transición energética es imparable (…) las renovables pueden poner el poder, literalmente y en sentido figurado, en manos de las personas y los gobiernos».

