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LO DE CEUTA: OTRA PERSPECTIVA
OPINIÓN Y ARGUMENTO – DIGITAL CON CRITERIO PROPIO
A saber por dónde irán los tiros cuando este texto y su planteamiento lleguen al lector. Ceuta está en una constante efervescencia; todo cambia y todo fluye no ya de un día para otro, sino sobre el propio devenir de esa mente sociópata tan parecida a la del célebre personaje cinematográfico de Clarles Chaplin; bueno, y del corifeo que colabora o aplaude.
A modo prologal, inténtese obviar las informaciones recurrentes sobre la intelectualidad que alumbró la Marcha Verde, acto por el que tan vergonzosamente regaló España los derechos del pueblo saharaui.
La explosión social de Ceuta no fue algo espontáneo. No es poca la población convencida de que todo acaeció tras una meticulosa gestación de intenciones contra el gobierno de coalición progresista español, que, junto con el de Dinamarca, son los únicos de perfil progresista que quedan en Europa. Fue una bomba de relojería, un misil de largo alcance o una explosión activada a distancia.
El dúo maléfico, y no menos dinámico, EEUU-Israel, además de sentar las bases de que son ellos quienes deciden el orden mundial, parece haberse juramentado contra “esta España”.
Prefieren y quieren otra; diferente, a su medida, lacaya y sumisa. El ranchero yanqui, porque no obtuvo el permiso necesario para utilizar sus bases en Rota y Morón como apoyo logístico a la guerra emprendida contra Irán, tan ilegal como la abierta, hace 20 años, contra Irak y sus supuestas armas de destrucción masiva. Y el megagobernante sionista, por el posicionamiento crítico del gobierno español hacia la denunciada actitud genocida para con el pueblo palestino.
¿Alguien con un mínimo de humanidad puede apoyar a un estado cuyo ministro de Seguridad Nacional, sin ocultar un intrínseco filonazismo, aboga por matar a 30 o 40 palestinos cada noche en Gaza?
Tal vez pensaron que una forma muy lacerante de desestabilización para España, y para Europa, fuera captando, gratuitamente, la colaboración marroquí. Y el dúo se convirtió en trio trocando a Marruecos en la punta de lanza con la colaboración de la derecha-ultraderecha española, tan ávida de poder como de agua puede estar cualquier peregrino perdido en el desierto.
Claro parece, pues, que lo de Ceuta es una asonada en toda regla, sustantivo definido como reunión tumultuaria y violenta para conseguir algún fin, generalmente político. Y si se bucea en la enciclopedia icónica de internet, Wikipedia, aparece un perfil que la distingue de manifestación por su carácter violento y perturbador del orden público. Blanco y en botella.
Cuando hordas reaccionarias impiden el paso de ayuda humanitaria y queman lo poco, nada, que tienen unos cientos de seres humanos con necesidades extremas, es difícil que no acudan a la memoria situaciones y escenas que presiden el genocidio sionista en Gaza. Son grupos ajenos a la ciudad que han atracado en Ceuta con la idea obsesiva de superar lo acontecido en Torre Pacheco (Murcia).
Ante una realidad tan cruda como tozuda, y desde esta otra perspectiva, no queda exenta Rabat de este flujo masivo de gentes desheredadas, y engañadas, que colapsaron el entorno ceutí. Aquella secuencia televisiva que mostraba a la policía marroquí poniendo orden en el desembarco masivo de ciudadanos que se abocaban desde camiones para encaminarse a las zonas fronterizas por las que alcanzaron suelo español, evidenciaba una responsabilidad difícilmente exculpatoria.
En Ceuta, igual que en Melilla, hay una sociología muy local que despista al más pintado. Normalmente, Marruecos ha enarbolado la reivindicación de estas dos ciudades cuando ha tenido algún problema social interno con la finalidad de apaciguar y regatear el tema. Un apunte sobrevenido es la convocatoria de elecciones legislativas para el 23 de septiembre.
Ahora es muy diferente. Por muchas componendas internacionales, y admitiendo la existencia de miles de bulos embaucadores (en España ya hay mucha abundancia de ellos), las dos plazas de soberanía española están inmersas en el triángulo Trump-Netanyahu-Mohamed VI. Y con Europa mirando al sol aun sabiendo que ambas son su frontera sur; un mes ha tardado en ofrecer a España el refuerzo de Frontex y Europol para agilizar la devolución legal de esos inmigrantes desnortados a sus paises de origen. Otro perfil incomprensible.
Aquí, en la zona del cono sur de Europa, Vox, per se, y PP, arrastrado y subyugado —aunque, a lo mejor, no tanto— por la xenofobia de aquellos, siguen calculando y valorando, junto a los tres directores de esta maniobra, los sucesos respecto de Ceuta como una excelente vía para desestabilizar al gobierno. Y si el primero es incendiario, el segundo ha decidido dar un paso hacia su extremo derecho asistiendo a los abascalistas en el movimiento acompasado del aventador para insuflarle aire al fuego.
Si estos dos actores llegaran a irrumpir en el escenario con su teoría de que la patria hay que defenderla como sea, más bien antes que después podrían abogar —sobre todo aquel joven que no la hizo— por la reimplantación de la «mili» obligatoria; o por la supresión de más efectivos en otras políticas sociales para crear plazas en el ejército y en las fuerzas de seguridad. Y más que por el calor patriótico aportado por la situación (que también), porque esa defensa con lo que sea y como sea contempla también el uso de las armas, el nuevo escenario no sería nada halagüeño. De alguna manera tendrían que acordonar Ceuta y Melilla para defenderlas de los históricos ímpetus de Marruecos, invitado al triunvirato fasciomundial, junto a Trump y Netanyahu, con el que tan de acuerdo se han mostrado las derechas españolas.
Esperpénticamente, también sería necesaria esa tropa para acabar, a pesar del consiguiente disgusto de algunos, con las lanchas del narcotráfico, sobre todo en las aguas del Estrecho; y escasos serían esos efectivos para sembrar el Mediterráneo de barcos bélicos antifragatas de ayuda humanitaria. O para obstruir la llegada de pateras a las zonas mediterráneas más proclives a ello, como Andalucía y Murcia, cuyo presidente pidió al gobierno central el despliegue del Ejército en la costa de su comunidad.
Pasado más de un mes desde que muchos ojos miraban al país alauita como posible protagonista de aquella puesta en escena, desde las derechas —tal vez ya fundidas sólo en una— se descolgaron exigiendo que el gobierno le pidiera explicaciones a Marruecos. Analícese si hay algún calificativo más contundente que ruin o mezquino al hecho de exigir lo que ellas no hubieran hecho dada su aquiescencia con el dúo Trump-Netanyahu, que han apadrinado al tercer invitado en su lucha contra España.
El uso espurio de tragedias y emergencias no debiera convertir el dolor en objetivo electoral, y no andaba huérfana de razón la aseveración leída en algún medio acerca de que no todo lo que da votos debiera valer en política.
En manos del destino queda que alguna vez caiga un diluvio de karma.



