“Un David contra Goliat”: la prensa mundial pone sus ojos en el desahucio de Maricarmen y la acampada de Sol
La protesta aparece en las ediciones digitales de medios de Londres, Nueva York, París y Buenos Aires, y las grandes agencias la despachan ya como crónica diaria.
Apunte editorial / NUVE:
Mientras la atención mediática internacional pone el foco en la emergencia habitacional en nuestras calles, conviene recordar que el derecho a una vivienda digna no es una consigna partidista: es un mandato explícito consagrado en el artículo 47 de nuestra Constitución.
Trascendiendo cualquier ideología, se trata de un derecho irrenunciable para la ciudadanía. Quien bloquea o vota contra una salida democrática a esta crisis social no solo se sitúa al margen del propio espíritu constitucional, sino que, en el fondo, deslegitima los principios fundamentales de convivencia que sostienen nuestra sociedad.
- Néstor Prieto Amador 28/09/2026 22:33 Añade Público a Google

Cientos de acampados en la Puerta del Sol contra el desahucio de Maricarmen.EFE / Borja Sánchez-Trillo
El mismo día que Maricarmen salía en camilla, Sánchez compartía con Mamdani un foro sobre “una economía para la mayoría”, con la vivienda en el centro
The New York Times lo leyó en clave política desde el día siguiente: el desahucio había colocado la crisis de la vivienda “en el primer plano de la política del país” y “tocado la fibra” de los españoles. El contraste era difícil de esquivar. El mismo miércoles en que Maricarmen salía en camilla, Sánchez compartía en la residencia oficial de Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, un foro sobre cómo construir “una economía para la mayoría”, con la vivienda en el centro. Mamdani ha congelado los alquileres regulados de casi un millón de viviendas. Sánchez exhibió allí las restricciones a los desahucios de su Gobierno y proclamó que España demuestra que “otro modelo económico es posible”. Según el Times, buscaba presentarse como “abanderado de un liberalismo humanista”. Horas después, la primera pregunta de su rueda de prensa fue Maricarmen.
José Bautista cubrió la crisis de la vivienda para The New York Times hace unos meses y hoy sigue la acampada para el semanario alemán Der Spiegel. A su juicio, en esa contradicción reside buena parte de este interés global. España, o al menos el Gobierno de Sánchez, “se han ganado cierta fama de ir en algunas cosas un poco acontracorriente”, explica: “Un Gobierno de izquierdas en un entorno europeo rodeado de conservadores, que habla de democracia, de derechos humanos o de Palestina”. El desalojo, añade, “choca contra esa percepción de lleno”. Los lectores lo han notado; según contó este lunes Katrin Bennhold en el boletín internacional del Times, la noticia más visitada de este fin de semana fue el de las protestas en España.
Las agencias llevaron la historia a cuatro continentes. Reuters, con una crónica de Corina Pons, presentó el mismo miércoles el desalojo como “un nuevo y dramático foco de tensión” de la crisis de vivienda. Relató que a Maricarmen le dieron media hora para recoger lo imprescindible, y el despacho acabó en cabeceras de Pakistán, Chipre, Sudáfrica o Italia. La Associated Press siguió la acampada el fin de semana y su crónica circuló por NPR, PBS o NBC News. The Washington Posttituló el sábado que el desahucio se había convertido en “grito de guerra” de la protesta, y The Guardian subrayó las profundas divisiones que ha destapado entre los partidos españoles.
En el espacio francófono, franceinfo, la plataforma informativa del audiovisual público francés, presentó este lunes a Maricarmen como “emblema de la crisis de la vivienda en España”. TF1 Info y BFM TV adoptaron en sus titulares la consigna de la marcha, “Pas une Maricarmen de plus” —ni una Maricarmen más—. El diario suizo Le Temps escribió el domingo que la crisis del alojamiento en España había dado “un giro espectacular”. En América Latina, el argentino La Nación abrió este lunes su crónica desde Madrid vinculando la acampada con el precedente de 2011: “La sombra del 15-M […] avanza sobre el gobierno de Pedro Sánchez”. Medios de México, Ecuador, Colombia o Chile siguieron el caso desde el 23 y el 24, en buena parte con despachos de EFE y AFP.
La ONU reprochó que el juzgado no suspendiera el lanzamiento para evitar un daño irreparable
La crítica llegó también desde Naciones Unidas. El relator especial de la ONU sobre el derecho a una vivienda adecuada, Koldo Casla, reprochó al día siguiente que el juzgado no suspendiera el lanzamiento para evitar un daño irreparable. Según The Guardian, calificó de “imposible de entender” que la rentabilidad de una inversión inmobiliaria se antepusiera al derecho a la vivienda de Maricarmen.
Una imagen universal
El interés responde a una combinación reconocible. “El caso de Maricarmen lo tiene todo; en primer lugar, tiene un poder simbólico bestial, es universal”, resume Bautista. “Una persona mayor con problemas de salud expulsada de su casa, con un movimiento social que la respalda, con un gobierno que se ve incapaz de actuar. […] Un David contra Goliat, la señora mayor que lleva 70 años en su casa frente a los especuladores”. Una lucha en la que es fácil empatizar con Maricarmen “estés en Alemania o en Colombia”, añade. Además, el escenario al que se han trasladado las protestas es reconocible para un público global que todavía recuerda el movimiento inidignados del 15-M de 2011. “A la gente todavía no se le olvida”, apunta el periodista, cuyos editores alemanes le preguntaron estos días: “Oye, ¿qué está pasando?”.
La vivienda se ha convertido en un malestar compartido por las grandes ciudades occidentales
Hay también un factor de cercanía. España recibió 96,8 millones de turistas internacionales en 2025, según el INE, y el ministro de Turismo daba en julio por probable superar este año los 100 millones. “España es un país en el que ha dormido casi todo el mundo”, sostiene Bautista. Según él, en casi cualquier país del mundo se sigue la vivienda española como un asunto en el que los propios visitantes, “sin quererlo, como turistas han podido incidir”. Y está la paradoja que subraya la AP: los costes y la escasez de vivienda están “expulsando del mercado a muchos españoles” pese al fuerte crecimiento de la cuarta economía de la Unión Europea.
Una crisis compartida
Que la noticia haya viajado tan lejos tiene una explicación de fondo: la vivienda se ha convertido en un malestar compartido por las grandes ciudades occidentales, y España ofrece una de sus versiones más agudas. El precio de la vivienda libre subió en el país un 12,2% interanual en el segundo trimestre, según el INE, y un 12,9% en la Comunidad de Madrid. Eurostat atribuye a España la mayor subida entre las grandes economías de la Unión: un 12,8% en el primer trimestre, frente a una media del 5,1% y una inflación del 2,3%. Los jóvenes se emancipan de media a los 30,2 años, casi cuatro más que el promedio europeo.
Entre 2010 y mediados de 2025, la vivienda se encareció un 60,5% en el conjunto de la UE
El fenómeno desborda España. Entre 2010 y mediados de 2025, la vivienda se encareció un 60,5% en el conjunto de la UE y los alquileres un 28,8%. En las ciudades europeas, casi uno de cada diez habitantes destina más del 40% de su renta a la vivienda, frente al 6% del medio rural. A escala global, ONU-Hábitat calcula que 2.800 millones de personas, cerca del 40% de la humanidad, sufren alguna forma de vivienda inadecuada. Entre ellas, 1.100 millones viven en asentamientos informales y más de 300 millones carecen de hogar. Su directora ejecutiva, Anacláudia Rossbach, sostiene que la pandemia y la inflación abrieron “la peor crisis de asequibilidad de la vivienda en más de una década”.
Leídas en conjunto, las coberturas convergen en esa grieta entre proyección y realidad. La prensa anglosajona mide la distancia entre el discurso exterior de Sánchez y su margen de maniobra interior; la francófona pone el rostro humano; la latinoamericana, el eco de 2011. “Se espera mucho de España”, advierte Bautista. “España tiene el listón muy alto en cuanto a la reputación internacional”. Por eso la incógnita que planteaba el Times, si Sánchez logrará en el Congreso lo que un texto similar no consiguió en febrero, se sigue fuera como algo más que una votación doméstica: como la prueba de si el país está a la altura de la imagen que exporta.

