- Consejo Europeo
- 21 de mayo de 2026 19:50
Es para mí un gran honor estar hoy aquí en el Senado de esta gran nación. Muchas gracias por la invitación para dirigirme a esta institución clave de la democracia. La casa del federalismo mexicano.

Nos encontramos ante un cambio de era: los cambios en la tecnología, la emergencia climática, las tensiones geopolíticas, están alterando profundamente el mundo. De forma especialmente preocupante, se está poniendo en entredicho el orden multilateral basado en reglas que nació tras la segunda guerra mundial. Y no es de extrañar que proliferen aquellos que profetizan una vuelta a la ley de la selva.
Yo quiero ser más optimista. El futuro no está escrito. La historia está llena de momentos en los que parecía que se avanzaba inevitablemente en una dirección y terminó yendo en otra. Pocos anticiparon la brusca caída de la Unión Soviética. Y después otros, ya bien entrados los años 90, se apresuraron a proclamar el “fin de la historia”. Y ya vemos que no fue exactamente así. La historia no se terminó y sigue su curso.
La historia rara vez sigue un patrón lineal. Muchas veces, cuando parece que nos movemos irremediablemente en una dirección, surgen nuevas dinámicas que nos empujan en sentido contrario. Y a día de hoy, frente a la incertidumbre imperante, yo tengo la esperanza de que la mayoría de naciones elegirán la cooperación frente a la ruptura y aislamiento. Elegirán el dialogo entre socios que creen en la estabilidad y en el respeto al derecho internacional.
Desde luego, esta es la voluntad inequívoca de la Unión Europea y la estrategia que estamos llevando a cabo, promoviendo acuerdos y estrechando nuestras alianzas con todos nuestros socios, creado una red de socios multipolar. Como, por ejemplo, con la India, con Australia, con el Mercosur, con Indonesia, con Chile, con Sudáfrica, con Tailandia y, por supuesto, con México.
La Unión Europea necesita a México. El mundo necesita a México.
Siempre que vengo a esta ciudad me embargan la exuberancia, el color y la vitalidad de este gran país. Esta es una civilización milenaria que proyecta al mundo una identidad rica, compleja y universal. Porque México posee algo difícil de describir pero imposible de ignorar: una extraordinaria intensidad.
Y con esa energía este pueblo ha luchado siempre por su libertad y su independencia. Porque la República mexicana, también desde este Senado, ha defendido siempre ideas fundamentales como la soberanía popular, la división de poderes o el imperio de la Ley y la convicción de que ningún pueblo tiene derecho a decidir el destino de otro.
Puede que las ideas ilustradas surgieran en Europa. Pero México, nos ha demostrado siempre que esos ideales no pertenecían a un continente, pertenecen a toda la humanidad. Una base sobre la que han desarrollado una política exterior respetada y admirada.
Como Benito Juárez dejó escrito en piedra en este pleno: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Una frase que no es solo un pilar central de la tradición diplomática mexicana, sino también una visión del orden internacional basada en el derecho, la soberanía y el respeto mutuo.
Por eso México goza de un enorme prestigio: por su defensa de la paz, por su vocación de diálogo y también por su generosidad. En Europa no olvidaremos como, el siglo pasado, abristeis vuestras puertas a miles de nuestros exiliados. Esa hospitalidad será siempre un capítulo imborrable de nuestra memoria compartida, que nos debe servir para mirar con esperanza hacia un futuro de cooperación.
Nuestro Acuerdo de Asociación del año 2000 ha sido una historia de éxito. A día de hoy el acuerdo genera: 5,5 millones de empleos en México, 82.000 millones de euros en comercio de bienes y más de 25.000 millones en comercio de servicios.
La UE es el segundo inversor en México: 209.000 millones de euros acumulados de inversión. Y es el segundo mercado de exportación para productos mexicanos. México es, además, el segundo socio comercial de la Unión Europea en América Latina, y el primero en términos de comercio per cápita.
Las cifras hablan por sí mismas, pero debemos ser todavía más ambiciosos. Por eso mañana vamos a firmar la modernización del Acuerdo global entre la UE y México. El Acuerdo eliminará más aranceles, impulsando el comercio y la inversión, creando grandes oportunidades para las empresas mexicanas de exportar e invertir en la UE.

Y estamos muy agradecidos a la Presidenta Claudia Sheinbaum por haber relanzado las relaciones con la Unión Europea, y hacer posible la firma de esta modernización del Acuerdo. La Agenda de Inversiones de la UE, que llamamos Global Gateway, apoyará el “Plan México” de la Presidenta, generando beneficios concretos para el pueblo mexicano.
Europa quiere invertir más en México. Y quiere hacerlo especialmente en sectores estratégicos: en energías limpias, digitalización, infraestructuras sostenibles, industrias tecnológicas, y cadenas de suministro resilientes
Nuestras sinergias son evidentes. México posee enormes fortalezas: talento, musculo industrial, y una posición geográfica estratégica. La transición ecológica y tecnológica global ofrece una oportunidad extraordinaria para construir juntos una asociación aún más ambiciosa.
Y, desde luego, necesitaremos del concurso de todas las instituciones, para seguir construyendo esta relación. También de nuestros parlamentos. Y quiero reconocer, por ello, el trabajo serio y comprometido de la Comisión Parlamentaria Mixta UE-México, cuyo papel, tras dos décadas de trabajo, es hoy más relevante que nunca.
Agradezco especialmente el liderazgo de Antonio López-Istúriz White y Beatriz Robles Gutiérrez, aquí presentes, por mantener viva esta relación estratégica entre Europa y México.
En Europa sufrimos una amenaza existencial que es un riesgo para todo el mundo. La guerra de agresión de Ucrania por parte de un miembro permanente del Consejo de Seguridad es inaceptable y amenaza la seguridad de todas las naciones del planeta. La soberanía y la integridad territorial de cualquier país es un derecho clave de la Carta de Naciones Unidas, que debe ser respetado siempre y en todos los lugares.
La Unión Europea apoyará, hasta el final, todos los esfuerzos encaminados a lograr una paz integral, justa y duradera en Ucrania. Una paz que respete plenamente la independencia, la soberanía y la integridad territorial de Ucrania.
La Unión Europea defiende el respeto al derecho internacional en todos los lugares del planeta y de la misma forma, ya sea en Ucrania, en Oriente Medio o aquí en América Latina. Por ello, hacemos un llamamiento a aunar esfuerzos para fortalecer el derecho internacional y las instituciones multilaterales.
No es una cuestión de mero interés, es una cuestión de supervivencia para nuestros pueblos. Por ello, debemos trabajar juntos para impulsar una gobernanza internacional más representativa y eficaz. Porque el mundo de hoy ya no es el mismo de 1945. Las instituciones multilaterales deben adaptarse a una realidad internacional más plural y más compleja, para poder hacer frente a desafíos que ningún país, por muy poderoso que sea, puede confrontar por sí solo.
Europa y México pueden ser aliados importantes en la defensa de una reforma de las Naciones Unidas. Y debemos reformarla para defenderla mejor, pero nunca pensar en remplazarla por el vacío del caos internacional. Una renovación que preserve los principios fundamentales del orden internacional y que, al mismo tiempo, refleje mejor las realidades del siglo XXI.
Ya termino. En su novela “Pedro Páramo”, el escritor Juan Rulfo, nos hablaba de Comala: un “pueblo lleno de ecos”, donde las voces habían dejado de escucharse entre sí. Donde cada murmullo hablaba desde el aislamiento y la desconfianza.
Pudiera ser que el sistema multilateral corriera el riesgo de convertirse en algo parecido: en un espacio de ecos, donde las naciones repiten sus intereses, sus temores y sus agravios, sin escucharse entre sí. La noche del multilateralismo no comienza solamente cuando fallan las instituciones. Comienza cuando dejamos de creer que nuestras voces pueden formar parte de algo compartido, cuando el diálogo se sustituye por la desconfianza, y cuando las reglas comunes pierden legitimidad.
Pero, como dije al principio de mi intervención: el futuro no está escrito. Está en nuestras manos. Por eso, hoy más que nunca, la Unión Europea y México, junto con otras naciones amigas, deben unir sus voces. No para alimentar nuevos ecos, sino para reconstruir una conversación común. Porque podemos y debemos seguir cooperando. Porque el derecho internacional importa. Porque debemos evitar que la comunidad de naciones se convierta en otra Comala.
Porque, al final, la gran lección de Rulfo es que, incluso entre murmullos, persiste la necesidad humana de ser escuchados. Y mientras existan voces capaces de encontrarse, todavía existe esperanza.
Muchas gracias.
¡Viva la Unión Europea! ¡Viva México!

