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Ayer, 6 de abril de 2026, arrancó en la Audiencia Nacional un juicio que debería ser el funeral de una etapa negra, pero que amenaza con ser un cierre en falso. La Operación Kitchen no fue una «chapuza» de Interior; fue una estructura criminal de Estado diseñada para proteger al Partido Popular de su propia metástasis: la Gürtel. Se trataba de borrar la huella de la Caja B, y para ello no dudaron en usar el terror institucional. Lo que ocurrió en casa de los Bárcenas fue un acto de terrorismo de Estado de baja intensidad. El asalto del falso cura para secuestrar a la familia y buscar «la libretita» es el punto más oscuro de esta trama. Pero la gran pregunta es: ¿tirarán los acusados de la manta? El problema es el miedo. Un miedo real a esa lista de muertes accidentales y casualidades fatales que han rodeado a los testigos clave de la Gürtel y la Kitchen a lo largo de los años. En el banquillo vemos a los peones, pero falta el vértice. Cospedal, la mano que mece la cuna y que en los audios pedía a Villarejo «arreglar lo de la libretita», entra hoy solo como testigo. Es una burla que se libre de la imputación gracias a una instrucción de García-Castellón que cerró las puertas justo antes de que el rastro quemara a la cúpula. El «Chiringuito» de Montoro: Hacienda al servicio de la Red La «Policía Patriótica» Hoy: De la Kitchen a García Ortiz y Begoña Gomez La «Policía Patriótica» no se jubiló; mutó en una facción judicial que hoy utiliza los mismos métodos para perseguir a adversarios políticos. Lo hemos visto con el acoso sin precedentes al Fiscal General, Álvaro García Ortiz, y las maniobras contra la esposa del Presidente. Es el mismo modus operandi: filtraciones interesadas, fabricación de relatos y el uso de los tribunales como arma de guerra. Es la misma red que intentó salvar al PP en la Kitchen, ahora intentando derribar al Gobierno actual desde los despachos judiciales. Es hora de limpiar las instituciones, caiga quien caiga.
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En esta Mafia, el silencio se paga con fondos reservados, pero la traición se puede pagar con la vida. ¿Quién se atreverá a dar el nombre del «Señor X» sabiendo que los accidentes no siempre son fortuitos?