
Las recientes declaraciones de Alberto Núñez Feijóo sobre el aborto vuelven a dejar bastante clara la posición del Partido Popular respecto a los derechos de las mujeres. El presidente del PP llegó a comparar la interrupción voluntaria del embarazo de las jóvenes de 16 y 17 años con hacerse un tatuaje, anunciando además su intención de reabrir este debate si llega al Gobierno.
Desde la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) consideramos estas declaraciones profundamente preocupantes. Parece que Feijóo tiene bastante interés en cuestionar las decisiones que pueden tomar las mujeres, pero mucho menos en garantizar que los gobiernos de su partido cumplan la legislación vigente.
Hace apenas unos días conocíamos el caso de una mujer de Valladolid que, con un embarazo considerado inviable, no pudo acceder a su interrupción en el Hospital Universitario Río Hortega. Fue derivada a una clínica privada que, según su denuncia, no disponía de los medios necesarios para atender posibles complicaciones. La mujer llegó incluso a acudir a urgencias por una hemorragia y fue enviada nuevamente a su domicilio mientras persistiera el latido fetal. Finalmente tuvo que desplazarse a un hospital público de otra provincia para recibir la atención que necesitaba.
Lo sucedido es una auténtica barbaridad y resulta especialmente indignante que ocurra en una comunidad gobernada precisamente por el Partido Popular y Vox.

La legislación vigente reconoce el derecho de las mujeres de 16 y 17 años a decidir sobre la interrupción de su embarazo sin necesidad de consentimiento de sus representantes legales. ¿Qué pretende entonces revisar Feijóo? ¿Por qué tanto interés en cuestionar un derecho reconocido mientras sus gobiernos siguen poniendo obstáculos para ejercerlo?
Desde la FADSP exigimos a la Junta de Castilla y León que investigue lo sucedido y depure las responsabilidades que correspondan. Reclamamos asimismo que todas las comunidades autónomas garanticen esta prestación en la sanidad pública, con los medios necesarios y cumpliendo la legislación sobre los registros de personal objetor de conciencia.
Feijóo debería dejar de dar lecciones sobre lo que tienen que hacer las mujeres y empezar por exigir a sus gobiernos autonómicos que cumplan la ley, ya que lo verdaderamente escandaloso es que una mujer tenga que recorrer hospitales para conseguir que se garantice su derecho al aborto en la sanidad pública.

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