China mantiene las distancias diplomáticas con la guerra de Estados Unidos en Oriente Próximo, pero sí que reacciona a las consecuencias que más le pueden afectar: las comerciales. En este sentido, el gigante asiático se ha puesto del lado de España ante las amenazas de Donald Trump, rechazando que el comercio se utilice como «arma» política. La reacción de Pekin llega un día después de que el presidente norteamericano tratara de intimidar a nuestro país con un bloqueo comercial por negarle utilizar las bases militares de Morón y Rota.

La portavoz jefa de la diplomacia china, Mao Ning, ha respondido este miércoles a preguntas sobre las declaraciones de Trump: «El comercio no debe ser utilizado como arma ni como instrumento», afirmó. China se alinea con la postura de España sobre los ataques de Trump y Netanyahu a Irán, uno de sus principales socios comerciales. Ning ha reiterado que la ofensiva «viola el derecho internacional«, y pide el cese inmediato de las hostilidades.

Trump ha amenazado a España con un embargo comercial, del que aún no se sabe mucho, pero que ha provocado una reacción inesperada. Europa ha comenzado a virar en su discurso sobre la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel a raíz del paso al frente dado por Sánchez. Bruselas ha defendido que «garantizará que los intereses de la Unión Europea estén plenamente protegidos«, y otros como Macron o Merz -mandatarios de Francia y Alemania respectivamente- han empezado a incluir a Trump en sus condenas de la situación.

Ahora se suma China, que lidera el bloque hegemónico contrario a Estados Unidos, y que reafirma con esta reacción el acercamiento estratégico a España. Pekín se había mantenido al margen de lo que ocurría en su oeste, hasta que Trump ha vuelto a sacar el comercio a la palestra. Después de una guerra arancelaria de meses con la que Washington ha tratado de dinamitar a su principal rival, el republicano la toma ahora con un país concreto, el único que le ha plantado cara en su ambición bélica.

El giro de España hacia Pekín

Lo cierto es que esta defensa de China a España es fruto de una relación se ha tejido con el tiempo, con una estrategia de Pedro Sánchez para reforzar los lazos con el gigante asiático ante las ambiciones de Trump de manejar el tablero del comercio. La apertura de España se ha demostrado con gestos, encuentros y conversaciones que han demostrado que nuestro país está por encima de la propaganda ideológica de Washington, y que han consolidado a Madrid como el socio occidental más fiable del Gobierno de Xi Jinping.

El pasado mes de noviembre, los reyes hicieron una visita de Estado a China, la primera en siete años de una monarquía europea. Durante su discurso ante el Foro Empresarial de Chengdú, Felipe VI subrayó que «España se ha consolidado como un socio fiable y un destino cada vez más atractivo para la inversión y la colaboración empresarial china». Antes de eso, y desde 2022, Sánchez y Xi Jinping mantuvieron tres reuniones bilaterales en Pekín, Bali y Bruselas. Ya entonces, abordaron cuestiones como la lucha contra el cambio climático, la transición energética global y la resolución de conflictos internacionales, en las que tanto China como Europa juegan un papel fundamental a pesar de que Trump quiera mover los hilos a su antojo.

Precisamente en la Casa Blanca, el movimiento de Sánchez fue recibido con recelo. Al igual que Bruselas, Estados Unidos criticó el individualismo del presidente español, y hizo notoria su inquietud por que España, a diferencia del resto de Occidente, no ve con malos ojos las oportunidades económicas que ofrecen las relaciones con China.

Sin embargo, mantener un acercamiento con Pekín puede ser la puerta a grandes oportunidades comerciales para España. El gigante asiático, segunda economía del mundo y segundo socio comercial de la Unión Europea, representa un mercado de más de 1.400 millones de consumidores con creciente interés por productos europeos de calidad y tecnología avanzada. Para España, esta apertura no solo implica un aumento potencial de las exportaciones, sino también la posibilidad de posicionarse como un puente estratégico entre Europa y Asia.

Más allá de que Trump no puede tomar represalias comerciales contra España -nuestro país forma parte de la Unión Europea, un bloque comercial conjunto-, Europa empieza a ganar la autoridad que el mundo ha echado en falta desde el sábado. En Bruselas, el Ejecutivo comunitario ha cerrado filas en torno a España, y en el caso de los tres países que firmaron un comunicado aparte de los 27 -Alemania, Francia y Reino Unido- abriendo la puerta a intervenir, han cambiado su discurso en pocas horas , sin  mencionar explícitamente a nuestro país. 

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