8-M: el antifascismo vuelve a la primera línea del feminismo
La conmemoración vuelve marcada por la lucha contra el pasado idealizado que vende la ultraderecha.
Manifestación, el pasado 8-M. Sindicatos de Estudiantes / Libres y combativas“Mujeres de alto valor. No dejaremos que el pasado avance”. Este es el lema de la campaña institucional del Gobierno para este 8-M, Día Internacional de las Mujeres, que vuelve marcado por los cada vez más largos tentáculos de la ultraderecha. Ese poder se ha empezado a notar también en el voto, un ámbito bastante a salvo, hasta ahora, entre las mujeres.
Según un reciente estudio del investigador Javier Carbonell, director del Future Policy Lab, se está produciendo una ultraderechización de las jóvenes en España y en Europa ligada a la falta de futuro, a la situación económica y aupada por ese pasado idealizado que venden partidos como Vox. La curva no es tan elevada ni va tan rápida como en el caso de los jóvenes, pero existe, como constata el estudio de Carbonell, titulado Una habitación propia es todo lo que puedes permitirte: por qué las mujeres jóvenes se mudan a la extrema derecha. Así lo expresa el investigador en este artículo: “Los partidos de extrema derecha en toda Europa están erosionando lo que alguna vez fue una división de género pronunciada en sus electorados”.
La campaña del Gobierno, protagonizada por la actriz Ángela Molina, se centra en fenómenos potenciados a través de las redes sociales como el de las tradwives, las jóvenes que aspiran a ser tratadas como princesas, o las que se han denominado mujeres de ‘alto valor’, que promueven una feminidad ligada a la sumisión, a la vuelta de las mujeres a la órbita doméstica y a la dependencia económica del hombre.
En este contexto, la violencia digital contra las mujeres se presenta no como un fenómeno marginal, sino estructural: el 70% de las denuncias en canales especializados corresponden a este tipo de violencia, que incluye cualquier acto cometido, asistido o amplificado por TICs que causa daños físicos, sexuales, psicológicos o políticos, según la definición de ONU Mujeres. El mecanismo de agresión se articula a través de la «manosfera» y se amplifica mediante algoritmos que premian la polarización.
“Este fenómeno afecta desproporcionadamente a mujeres con voz pública –políticas, periodistas y activistas– con una finalidad disciplinadora orientada a su silencio y a la erosión de la calidad democrática”, recoge un informe elaborado por el Ministerio de Igualdad. De ese grupo, las periodistas representan el colectivo más atacado, con el 73%. Según el mismo estudio, el 80% de las mujeres jóvenes en España ha sufrido acoso en las redes sociales, una de cada cinco niñas sufre violencia sexual en línea y, a escala internacional, el 70% de las mujeres ha experimentado alguna forma de violencia online.

Desde la Comisión 8M del Movimiento Feminista de Madrid, muy crítica con el Ministerio de Igualdad y su reciente cambio de terminología para referirse a los feminicidios –asesinatos machistas por homicidios– reivindican la trayectoria histórica del feminismo, comenzando por la lucha contra el franquismo. Su lema este año es: Feministas antifascistas. Somos más en todas partes. Y critican el profundo neoliberalismo en un duro manifiesto:
“Nos enfrentamos a un puñado de mierdas tristes que va a quemar el planeta para ganar aún más dinero y poder, que trata la vida como un videojuego. Son hueco, carencia, codicia. Y son cutres. En lugar de cuidar la tierra, sueñan con vivir en Marte o en un búnker. Con toda la tecnología en sus manos, lo que diseñan es un filtro para desnudar mujeres. Pudiendo reducir la pobreza, montan Quirones y Riberas”.
“Gobiernan para inaugurar chiringuitos, para dar medallas o para vender gorras. Invaden y masacran para especular con complejos vacacionales. Colonizan lo que creen que pueden explotar: los cuerpos trabajadores y los cuerpos enfermos. Las tierras, las mujeres, las personas migrantes. Atacan lo que saben que no pueden controlar: a las mujeres que decidimos sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, a las disidencias que desafiamos su binarismo, a las neurodivergencias que desafiamos su normalidad. Desechan lo que no pueden rentabilizar. Pero somos más. En todas partes”.
Desde Libres y combativas, organizaron el pasado 28 de febrero un acto específico en el que recordaron la lucha de las mujeres trabajadoras: «La historia lo demuestra. Frente al nazismo, frente al fascismo, frente al franquismo… miles de mujeres se organizaron, resistieron y lucharon. No fueron víctimas pasivas: fueron combatientes, militantes, organizadoras, sindicalistas, milicianas y referentes políticas. En el Estado español, mujeres vinculadas a la izquierda obrera y al movimiento antifascista defendieron la libertad frente al golpe militar y la dictadura franquista. En Alemania, Italia y otros países, las mujeres jugaron un papel decisivo en la resistencia contra el nazismo y el fascismo».
Y añaden: «Hoy, cuando vemos cómo partidos como Vox difunden discursos machistas, racistas y reaccionarios, cuando se cuestionan derechos fundamentales conquistados con décadas de lucha obrera, es más necesario que nunca recuperar esa memoria y convertirla en fuerza organizada».
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