«Darwin Botánico.» Éste es el título de la exposición que el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona ha instalado en un marco muy adecuado, el Invernadero del parque de la Ciutadella, y que se podrá visitar hasta el 31 de mayo. El subtítulo de la exposición, «Las plantas como evidencia de la evolución», explicita el objetivo del comisario, Martí Domínguez, para plasmar como Darwin, a través de sus importantes estudios botánicos, aportó destacados ejemplos de cómo actuaba su teoría de la evolución a través de la selección natural en el mundo vegetal, y de esta forma reforzar.
Un naturalista completo

La teoría de la evolución de Charles Darwin propone que las especies cambian con el tiempo, derivan de ancestros comunes y evolucionan mediante la selección natural. Este proceso implica que los individuos mejor adaptados a su entorno tienen más probabilidades de sobrevivir y reproducirse, transmitiendo sus rasgos ventajosos a la siguiente generación.
Charles Darwin es sin duda uno de los científicos más conocidos por haber descubierto uno de los mecanismos clave a través del cual se produce la evolución: la selección natural. El fuerte impacto científico y social de una teoría que alejaba el origen de las especies de Dios y le dejaba en manos de la naturaleza hace que sea un gran personaje realmente popular.
La mayoría de la población le asocia con la evolución y el origen del hombre, pero también con el mundo de los animales, y algunos le recuerdan como protagonista del gran viaje del Beagle. Pero, en realidad, Darwin fue un naturalista, un investigador interesado por el estudio de todo lo que encontramos en la naturaleza, por la geología, la zoología y la botánica, y quizás sus trabajos en este último campo, a los que dedicó muchos esfuerzos, son los más desconocidos. Sin embargo, sabemos que publicó más de setenta artículos dedicados a temas botánicos en diferentes publicaciones, y seis de los quince libros que publicó a lo largo de su vida son de botánica. En ellos, trató temas tan diversos como las orquídeas, las plantas insectívoras, el movimiento de las plantas, la autofecundación, las trepadoras o la forma de las flores. Además, dedicó una parte significativa de otras obras a los vegetales, como en The variation of animals and plants under domestication , e incluso en su obra capital, El origen de las especies . La última obra que publicó, dedicada a la formación del suelo, también está relacionada con el mundo vegetal.
Durante la infancia y la juventud mostró poco interés por las plantas, pero esto cambió cuando conoció al profesor de Botánica en la Universidad de Cambridge, el clérigo John Stevens Henslow, con quien mantuvo conversaciones, tertulias y largos paseos, y quien tuvo la iniciativa de proponerle embarcarse en el Beagle. Durante el viaje, su interés se centró especialmente en la geología y la zoología, pero también recogió vegetales que envió a Londres, y en sus cuadernos también se refería a la apariencia general de la vegetación. Fruto de ello, en 1838, apareció un primer artículo con la huella botánica de Darwin: se trata de un trabajo sobre la vegetación de las islas Keeling que publicó Henslow en los Annals of Natural History , que se basa en las informaciones que le comunicó el mismo Darwin, y en el que cita reiteradamente a su antiguo alumno.
Los trabajos y experimentos botánicos que Darwin a menudo hacía en el jardín y en el invernadero de su casa de Kent, Down House, a menudo con la ayuda de su familia, le dieron grandes satisfacciones. Así lo reconoció en su autobiografía cuando afirmó: «No creo que ninguna otra cosa, a lo largo de mi carrera científica, me haya producido tanta satisfacción», al referirse al descubrimiento de la utilidad y significado evolutivo de las diversas formas florales presentes en plantas de los géneros Primula y Lythrum .

También tuvo una intensa relación con otros dos destacados botánicos coetáneos, Joseph Dalton Hooker y Asa Gray. A Hooker, que fue director del Jardín Botánico de Kew, cuando estaba animado en su extraordinario trabajo sobre las orquídeas, le llegó a escribir en una carta: «¡Cómo me gustaría ser botánico!» Hoy podemos afirmar con rotundidad que fue también un gran botánico. Las confidencias con Hooker fueron muy profundas, hasta el punto de confesarle por carta en 1844, quince años antes de la aparición de El origen de las especies , tímidamente y sintiéndose culpable, que ya no creía en la inmutabilidad de las especies: «Estoy casi convencido (al contrario de la un crimen) inmutables.»
Asa Gray, el botánico estadounidense con quien Darwin mantuvo una intensa correspondencia, se convirtió en el gran defensor del evolucionismo en el continente americano. Fue Gray quien, en nombre de Darwin, negoció con la editorial de Boston Ticknor and Fields la publicación autorizada de El origen de las especies en Estados Unidos, sólo un año después de su primera edición en Inglaterra. Darwin le escribió por esas fechas a Gray: «Conoces tan bien mi libro como yo mismo; y pones sobre la mesa nuevas líneas de ilustración y argumento de una forma que estimula mi admiración y casi mi envidia.»
Un recorrido darwiniano por las plantas

Los mecanismos de captura de alimento de las plantas carnívoras también fascinaron a Darwin. / Los mecanismos de captura de alimento de las plantas carnívoras también fascinaron a Darwin.
En la exposición encontramos diferentes paneles donde se explican algunas de las investigaciones de Darwin , que le permitieron ejemplificar cómo actuaba la selección natural modelando diferentes aspectos de los vegetales, acompañados de algunos ejemplares de las especies mencionadas o bien de modelos. Lo podemos ver en los tres paneles dedicados a las orquídeas, donde se destaca que Darwin predijo que se descubriría una especie capaz de llegar al néctar de una flor de orquídea con un espolón de casi 30 cm; cerca de medio siglo más tarde, se descubrió una mariposa nocturna con una espiritrompa con la longitud apropiada para llegar al néctar de aquella orquídea.
En las plantas carnívoras también se dedican tres paneles, en los que se destaca cómo Darwin descubrió que estas plantas capturan pequeños organismos para obtener el nitrógeno y el fósforo que carecen en el medio donde viven. Asimismo, destaca la fascinación del gran naturalista por los sofisticados mecanismos de captura de las plantas carnívoras acuáticas.
También encontramos un panel dedicado a aquella investigación que tanta satisfacción le produjo: entender por qué algunas plantas como las primaveras presentaban dos formas florales diferentes, comprendiendo que este hecho limitaba la autofecundación y facilitaba la aparición de más plantas fruto de cruces entre diferentes individuos y, por tanto, una mayor variabilidad y capacidad de adaptación. En el siguiente panel, se profundiza en sus investigaciones sobre los peligros de la autofecundación.
Los otros paneles se dedican a su labor taxonómica, a los movimientos de las plantas trepadoras, a la capacidad de las plantas de moverse hacia la luz o de detectar estímulos mecánicos, y al Darwin horticultor que se refleja en su libro sobre la variación de los animales y plantas bajo domesticación. El último panel pone de relieve cómo los estudios de Darwin ya apuntaban a un tema primordial en el mundo actual: los peligros asociados a la pérdida de biodiversidad.
Por tanto, nos encontramos ante una interesante y cuidada exposición que, sin artificios ni grandes sofisticaciones, nos revela de una forma clara y rigurosa un aspecto poco conocido de los trabajos de Charles Darwin, sus investigaciones botánicas, así como su importancia clave en la defensa de la teoría de la evolución.


