
Educar en feminismo contra la manipulación fascista

Alejandro Martínez Vélez / Europa Press
Periodista
Dicen las encuestas que a los jóvenes ya no les gusta la palabra feminismo. No son la mayoría de los jóvenes, pero sí son casi la mitad. El informe Fad Juventud sobre Igualdad señala la caída generalizada en el sentir feminista de la generación Z que, pese a vivir en el mayor marco de igualdad jamás conseguido, siente desconfianza hacia un término que muchos de ellos ni siquiera entienden. Una falta de entendimiento que trae peligrosas consecuencias. La idea de que los avances en Igualdad perjudican a los hombres ha calado como lluvia fina entre una generación expuesta al discurso de partidos que intentan instrumentalizar su insatisfacción buscando enemigos en leyes que, según ellos, sirven para joder la vida de cualquier santo varón. Un mito, el de las denuncias falsas, que ha sido desmontado miles de veces con datos del Poder Judicial pero que, como cualquier mentira repetida hasta la saciedad, ha quedado en el imaginario colectivo.
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Entro a la página web de Vox. Me pregunto qué caramelo les está ofreciendo a los chicos y a las chicas un líder que, al igual que el PP, respalda bombardeos sobre población civil y que en 2019 planteó incluso, la recuperación del servicio militar obligatorio. Un servicio que tendrían que hacer esos mismos jóvenes ahora fascinados por un patriota fascista que ni siquiera hizo la mili.
En el sitio, encuentro una pestaña llamada “Mujeres”. Allí, una foto muestra tres rostros femeninos sonrientes que dan paso a un video en el que, supuestamente, mujeres anónimas son preguntadas sobre los puntos de su programa referidos a ellas, propuestas que todas celebran y hasta dicen confundir con la izquierda más radical. Son ideas que convencen tanto a jóvenes rebeldes como a abuelitas progres, pero de las que no nos enseñan ni media palabra.

Al mismo tiempo que su líder supremo dice que ellos son el único partido que protege a las mujeres, anuncia su intención de eliminar el Ministerio de Igualdad, así como la ley del aborto. Unas promesas electores que devolverían a las mujeres a la cocina y al silencio.
Dicen las encuestas que a los jóvenes ya no les gusta la palabra feminismo. No son la mayoría de los jóvenes, pero sí son casi la mitad. El informe Fad Juventud sobre Igualdad señala la caída generalizada en el sentir feminista de la generación Z que, pese a vivir en el mayor marco de igualdad jamás conseguido, siente desconfianza hacia un término que muchos de ellos ni siquiera entienden. Una falta de entendimiento que trae peligrosas consecuencias. La idea de que los avances en Igualdad perjudican a los hombres ha calado como lluvia fina entre una generación expuesta al discurso de partidos que intentan instrumentalizar su insatisfacción buscando enemigos en leyes que, según ellos, sirven para joder la vida de cualquier santo varón. Un mito, el de las denuncias falsas, que ha sido desmontado miles de veces con datos del Poder Judicial pero que, como cualquier mentira repetida hasta la saciedad, ha quedado en el imaginario colectivo.
Entro a la página web de Vox. Me pregunto qué caramelo les está ofreciendo a los chicos y a las chicas un líder que, al igual que el PP, respalda bombardeos sobre población civil y que en 2019 planteó incluso, la recuperación del servicio militar obligatorio. Un servicio que tendrían que hacer esos mismos jóvenes ahora fascinados por un patriota fascista que ni siquiera hizo la mili. En el sitio, encuentro una pestaña llamada “Mujeres”. Allí, una foto muestra tres rostros femeninos sonrientes que dan paso a un video en el que, supuestamente, mujeres anónimas son preguntadas sobre los puntos de su programa referidos a ellas, propuestas que todas celebran y hasta dicen confundir con la izquierda más radical. Son ideas que convencen tanto a jóvenes rebeldes como a abuelitas progres, pero de las que no nos enseñan ni media palabra. La estrategia de manipulación es burdísima, aunque en el mismo video acusen a los medios de comunicación de manipular. La realidad es que Vox rechaza la protección de víctimas de violencia machista a través de Juzgados especializados, se niega a participar en los Observatorios municipales de violencia de Género y se va cargando las Concejalías de Igualdad allí en donde gobierna.

Los líderes de ultraderecha no están solos en su cruzada antifeminista. Difunden entre los jóvenes las ideas de que los discriminados son ellos a través de una redes sociales que privilegian el discurso machista de la extrema derecha, ya que para algo son propiedad de tipos como Trump o Musk. También se sirven de una manada de idiotas resentidos que acosan a las mujeres porque no les hacen ni caso, mientras aconsejan a los chavales aumentar su masculinidad con burpees e inversiones en criptomonedas. Y es que las mismas encuestas, inciden en que la desigualdad económica de la Generación Z y las carencias materiales influyen negativamente en la percepción que los jóvenes tienen del feminismo. Uno de cada tres niños en España viven en situación de pobreza, una realidad que los hace mucho más vulnerables a la cronificación de la precariedad en la vida adulta. Los problemas de salud mental son otro punto importante y el 69% de los adolescentes reconoce haberse sentido solo, según el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada. No cabe duda de que en esos espacios de la manosfera los chicos también encuentran compañía y reconocimiento.
Lo que les revienta la vida a los hombres jóvenes es la precariedad, la difícil emancipación y la desprotección real que tienen, y que nada tiene que ver con los derechos de las mujeres. Lo que les jode es buscar una identidad y no encontrarla, porque demasiados hombres adultos no son referentes seguros ni están cuando se les necesita. Los chicos no nacen violentos o insensibles, se les educa así desde el patio del colegio al consentirlos ocupar espacios por la fuerza, al impedirles compartir sus sentimientos, al negarles la reparación del daño que causan cuando violentan a otra persona. Y esto sigue ocurriendo, todos los días, y en todas partes. Muchos, solo siguen el camino trazado.
Habrá que volver a explicarles a estos chicos que se sienten manipulados por el feminismo que la razón de ser del feminismo es, precisamente, abolir el género que les impide ser personas independientemente de su testosterona. Y cos mandatos los limitan a ellos, mientras a nosotras nos oprimen. Y habrá que explicarles a ellas que tienen mucho que perder y nada que ganar si la ultraderecha entra en el gobierno. Pero para eso, necesitamos una izquierda que vuelva al materialismo y que se conecte con la realidad de la clase trabajadora. Mañana es 8 día de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Todo sería más sencillo si esas pocas palabras se entendiesen de una vez.




