Kenia: El viaje al territorio de los Masais y de los reyes de la gran sabana

Kenia: El viaje al territorio de los Masais y de los reyes de la gran sabana 4

Texto y fotografias:  Justo Peral

Las grandes extensiones del Masai Mara y la silueta del monte Kilimanjaro, la montaña sagrada que domina el desierto de Amboseli, son los símbolos del África que todos hemos soñado recorrer algún día. Cualquier Viajero se ha sentido atraído alguna vez por atravesar la sabana africana y vivir una experiencia inolvidable, presenciando las grandes migraciones de los herbívoros en busca de pastos entre los que les acechan los depredadores. Después de vivir esta experiencia, los sonidos nocturnos y las imágenes de la sabana se convertirán en recuerdos y sensaciones imborrables. No se podrá olvidar nunca un viaje a través de paisajes infinitos que representan el último reducto de la vida salvaje de los grandes mamíferos y de algunas etnias que siguen viviendo en un íntimo contacto con la naturaleza y pugnando por el dominio de esos pastos con los Cinco Grandes: el León, el Elefante, el Leopardo, el Búfalo y el Rinoceronte.

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MASAI MARA

La reserva natural de Masai Mara , es sin duda el Parque que refleja mejor la esencia de la sabana africana y las grandes migraciones.

En efecto, la migración anual de los ñus implica que más de 1,5 millones de estos herbívoros lleguen a las grandes llanuras de Masai Mara en julio y se vayan en noviembre, perseguidos por los grandes depredadores africanos.

En ninguna otra parte en África la vida silvestre es más abundante, y es por esta razón es muy difícil que el visitante de esta reserva deje de tener la ocasión de cazar con sus objetivos fotográficos a los cinco grandes (Búfalo, Elefante, Leopardo, León y Rinoceronte).

Pero además de conformar el más puro paisaje africano de los espacios abiertos, con su sabana salpicada de ceibas, en Masai Mara conviven unas 95 especies de mamíferos, anfibios y reptiles y más de 400 especies de aves. La vida salvaje del parque incluye también hipopótamos, guepardos, gacelas de Grant, impalas, jirafas, cebras, hienas y facoceros.

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La gran migración que desencadena la ebullición del Masai Mara empieza cada año en julio cuando más de 1 millón de ñus , junto con grandes cantidades de gacelas Thompson , cebras y otros herbívoros, migra desde las llanuras de Serengueti en Tanzania para dirigirse a los pastos frescos en el norte, regresando hacia el sur en octubre.

Por lo tanto, la mejor época para viajar a Masai Mara es entre Julio y octubre , aunque entre primeros de noviembre y febrero son también meses excelentes para ver a los cinco grandes con menos afluencia de turistas a las grandes reservas que muchas veces congestionan los mejores lugares para observar la vida salvaje.

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LAGO NAKURU

En su recorrido por Kenia, el viajero amante de la observación de la vida salvaje en su entorno natural no puede dejar de visitar el Lago Nakuru.

El Nakuru es indiscutiblemente el más conocido de los lagos del Riff keniano y uno de los parques africanos más famosos en todo el mundo, con sus aguas alcalinas orladas en ocasiones por más de un millón de flamencos. Por desgracia, hace tiempo que el ecosistema del lago se resiente gravemente de la presión humana, y las inmensas bandadas de aves merman inexorablemente o huyen a otros lagos sódicos menos acosados por la acción del hombre.

El subsuelo formado de roca volcánica permite que se formen varias corrientes subterráneas, que confluyen en dos manantiales de agua cristalina en el corazón del parque y salen a la superficie en numerosos puntos formando grandes pantanos como el Loginya Swamp, en el que crecen los papiros y retozan los elefantes, los hipopótamos y los búfalos.

Además de las aves y los rinocerontes, el parque cuenta con un gran número de especies de mamíferos, entre las que se encuentran los carnívoros como el león y el leopardo.

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AMBOSELI

Otro destino imprescindible para sentir la esencia de África es el parque nacional de Amboseli.

El imponente perfil legendario de la montaña del Kilimanjaro, con sus 5.985 metros dominando la llanura polvorienta, por la que deambulan los elefantes como grandes espectros silenciosos, y las riberas del lago Amboseli, seco y cuarteado la mayor parte del año, constituye una imagen que se grabara en el recuerdo del viajero. La montaña domina como un dios poderoso los destinos de los que se acercan a ella desde su trono de plata constituido por sus nieves eternas.

Antes de que el misionero Johannes Rebmann descubriese el Kilimanjaro para la cultura occidental en 1848, las antiguas leyendas swahilis y árabes hablaban de una montaña en el interior, en cuya cumbre vivía un dios terrible que castigaba a los que se atrevían a acercarse a su morada paralizándoles los pies y las manos. De esta manera, los habitantes de la costa tropical describían un fenómeno extraño para ellos, la congelación.

Curiosamente, el Kilimanjaro no está dentro de los límites de Amboseli, de hecho ni siquiera está en Kenia. En realidad, si miras el mapa de Kenia se puede comprobar que la absurda línea recta que separa Kenia y Tanzania, se desvía de una manera deliberada para dejar el monte en territorio tanzano. ¿El motivo? Al realizarse la partición de África Oriental en las dos esferas de influencia, británica y alemana, Inglaterra tenía dos montañas y Alemania ninguna, así que la reina Victoria regaló el Kilimanjaro a su sobrino nieto el Káiser Guillermo II con ocasión de su cumpleaños, y el trato dejó satisfechos a todos.

A pesar de las altas temperaturas, las tierras de Amboseli se encuentran por encima de los 1.180 m de altura, las cumbres del Kilimanjaro permanecen ocultas por las nubes durante gran parte del día. El mejor momento para tener la oportunidad de divisar su cabeza plana es al amanecer.

Amboseli es un ecosistema muy frágil, sometido a grandes variaciones estacionales. Fundamentalmente el terreno es seco, con pocas precipitaciones anuales. El sector noroccidental del parque está ocupado por el lecho del Lago Amboseli, que durante gran parte del año no es más que una inmensa sartén ardiente de tierra salina cuarteada en la que revolotean los torbellinos de polvo. Los espejismos se confunden con los rebaños de elefantes, cebras y ñus, que caminan por el lecho como animales errantes desconcertados, cabizbajos y perdidos.

Durante la estación húmeda, las lluvias inundan el lecho del lago y gran parte de los terrenos adyacentes. Y aunque debido al alto contenido de sales en el parque haya pocos árboles, tan sólo unas cuantas acacias dispersas, por el contrario, los pastos crecen ricos en sales y son muy apreciados por los herbívoros.

El territorio de Amboseli pertenece al país maasai, la legendaria tribu guerrera de nómadas pastores que se alimentan de una mezcla de sangre y leche. Los maasais, a pesar de que muchos de ellos abandonan su tipo de vida nómada y sus poblados por la influencia del desarrollo y del turismo, continúan viviendo hoy como lo han hecho siempre en la reserva que rodea el parque, pastoreando sus rebaños y desplazando sus enseres en busca de los mejores pastos. A lo largo de sus migraciones, hoy restringidas, los maasais construyen sus poblados.

LOS MAASAI

Los maasai fueron un pueblo de pastores y guerreros orgullosos que aún hoy se niega a abandonar su tradicional forma de vida.

Los maasai creen que les pertenece todo el ganado de la Tierra.
Tal creencia nace de una leyenda que relata que en el principio Dios tenía tres hijos, a cada uno de los cuales obsequió con un regalo. El primero recibió una flecha para cazar; el segundo, una azada con la que arar, y el tercero, un cayado para guiar al rebaño. Fue este último, según la tradición, quien se convirtió en el padre de este pueblo.
Aunque otras tribus poseen ganado, los maasai creen que, en esencia, esos animales son suyos.

 

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Su antiguo ideal era vivir exclusivamente del ganado, ya que los otros alimentos los podían obtener mediante el trueque. Hoy, sin embargo, también necesitan cultivar.

Trasladan sus rebaños de un lugar a otro, de forma que el pasto pueda volver a crecer. Tradicionalmente, esto ha sido posible gracias a un sistema comunal de tenencia de tierras en el que todos comparten el acceso al agua y los pastos de una zona.

La sociedad maasai se organiza en grupos de edad masculinos, cuyos miembros deben superar ritos de iniciación para convertirse en guerreros, y más tarde ancianos.

No tienen jefes, aunque cada sección tiene un laibon o líder espiritual. Los maasais veneran a un dios que vive en todas las cosas, pero que puede manifestarse tanto de forma benévola como destructiva.
Viven en asentamientos llamados manyattas, círculos de chozas hechas de ramitas y rodeadas por empalizadas (“bomas”) construidas con ramas de acacias que con sus pinchos sirven para encerrar su ganado y protegerlos del ataque de los leones.

Las chozas se construyen con unos ladrillos preparados a base de excrementos de animales, paja y barro a fin de impermeabilizarlos y endurecerlos. Las paredes interiores son alisadas y posteriormente ahumadas. Suelen contar con diminutos tragaluces, pero no ventanas.

Se dice que los leones huyen al olor de un guerrero Masai. Este hecho se explica por la valentía con que defienden a su ganado y al rito de iniciación a la mayoría de edad de los jóvenes pastores y guerreros Masai que al cumplir los 16 años tienen que matar a un león, armados únicamente de una lanza y de un bastón corto acabado en una bola contundente.
La supervivencia de este pueblo depende de la salud y fortaleza de sus animales.
De ellos obtienen la leche para su consumo y el excremento con el que recubren las chozas. Rara vez matan al ganado para alimentarse, salvo de vez en cuando alguna oveja o cabra. Sin embargo, cuando lo hacen, no desperdician nada. Los cuernos los emplean como recipientes; con las pezuñas y los huesos hacen adornos, y curten la piel para confeccionar calzado, ropa, coberturas para dormir y cuerdas.

 

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A los guerreros, morane, sin embargo, se les permite comer carne, pero nunca junto con leche. Cuando un maasai cae enfermo, ha sufrido la circuncisión o está agotado se le da a beber sangre de buey.

Con una fisonomía esbelta y de facciones finas, son un pueblo bien parecido.
Su holgada indumentaria es de colores atractivos. Telas teñidas de vivos tonos rojizos y azulados envuelven sus ágiles cuerpos. Las mujeres suelen adornarse con multicolores cintas del pelo y con grandes collares de cuentas, los cuales llevan colocados uno tras otro.

La estructura social maasai está jerárquicamente organizada. Además de los clanes (de los cuales el de los herreros es el más bajo), se dividen en guerreros o morane, jefes de familia y ancianos (responsables políticos o religiosos).

A  16 años de edad los muchachos se someten a la ceremonia del paso a la edad adulta que incluye la circuncisión, y por la cual se convierten en guerreros durante unos años.

De aquí en adelante compartirán muchas facetas de su vida con sus compañeros de ritual. Son los llamados grupos de edad, pilar básico de la sociedad maasai.

Cuando los grupos de guerreros van teniendo mayor edad pasan a integrar los siguientes estratos sociales, desplazando a su vez a los del grupo de edad precedente hacia un status mayor. Cada aumento de status (siempre por grupos) va ofreciendo a los jóvenes más derechos y prerrogativas como poder fumar o casarse (siempre fuera del clan familiar); y cada vez van pesando más sus opiniones en la sociedad.

Esta característica culmina cuando un grupo pasa a considerarse de “ancianos”, ya que son ellos quienes tomarán todas las decisiones importantes, de forma igualitaria y reunida en consejo.

En cuanto a las niñas, también pasan por una ceremonia de iniciación que incluye la circuncisión femenina. Es habitual que su futuro matrimonio esté pactado por sus padres desde pequeñas, pero desde el rito de iniciación se les permite relacionarse con los jóvenes guerreros que deseen. Aunque pueda parecer lo contrario, la sociedad maasai es muy abierta a este respecto, ya no está mal vista la promiscuidad femenina ni masculina.

Durante los matrimonios, que son polígamos y a menudo con grandes diferencias de edad (hombres de setenta con niñas de doce, a cambio de las que pagan una dote de reses: dos o tres vacas o algunas docenas de cabras) se realiza una ceremonia en la que a menudo se practica la ablación o circuncisión.

Su religión se centra en torno a creencias místicas que conciernen a los maasai, a su ganado, y a Dios.
La religión de los maasai es monoteísta y austera. La principal manifestación de bondad de Ngai es la lluvia.

En la parte central de Kenia, viven los Samburu.

La historia del pueblo Samburu está unida hasta épocas muy recientes a la de los Maasai, compartiendo con éstos prácticamente toda su cultura.

Kikuyu

Los Kikuyu constituyen el grupo étnico más numeroso de Kenia. Viven en granjas y cultivan en las fértiles tierras altas del centro del País.

 

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Los Kikuyus fueron la tribu más activa en la lucha por la independencia de Kenia. La famosa rebelión de los Mau Mau fue principalmente liderada y compuesta por Kikuyu. Jomo Kenyatta, el primer Presidente de Kenia fue un Kikuyu, y desde entonces esta tribu ocupa los puestos de más relevancia e influencia en el País.

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